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A propósito del Día del Médico3 min read

3 diciembre 2021
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Muy pocos registran que hoy se celebra internacionalmente el Día del Médico en honor al cubano Carlos Juan Finlay Barrés, quien descubrió que la fiebre amarilla se transmitía a través de un mosquito vector muy conocido y temido también por nosotros, el nocivo Aedes Aegipty, que además sigue haciendo de las suyas transmitiendo también el dengue y otras dolencias. 

Aunque sus teorías fueron rechazadas durante por lo menos 20 años, este destacado doctor y científico contribuyó a salvar las vidas de miles obreros y soldados durante la construcción del canal de Panamá, a principios del siglo XX, así como de toda la población civil en América Latina.

Por todos sus aportes a la medicina, se decidió que el 3 de diciembre, día de su natalicio, fuera una fecha dedicada a la profesión que dignamente representó para dejar un gran legado a la humanidad.

La fecha cobra especial importancia en un momento particularmente sensible para el ejercicio de la profesión en todo el mundo. Se cuentan por miles los médicos que han caído en la primera línea de combate contra el COVID-19. Algo que en nuestro país se sumó al drama crónico de las carencias históricas del sector en materia de insumos y equipamientos adecuados. Se habló mucho de los “héroes de blanco”, pero se ha retaceado como siempre desde los sectores de decisión política un verdadero cambio de paradigma en materia de reconocimiento verdadero a las necesidades, tanto salariales como de infraestructura adecuada, para estos trabajadores vitales. 

Por eso, esta fecha conlleva emociones encontradas. Seguramente desde temprano todos comenzamos a enviar mensajes de salutación a nuestros médicos de familia o a los especialistas de nuestra mayor confianza. Es que se establece con ellos un vínculo que muchas veces nos acompaña toda la vida, incluso hasta el momento supremo de despedirnos de ella. Pero ese afecto particular debe transformarse necesariamente en un reconocimiento social que exija el cumplimiento de todos los derechos que estás personas y que la salud en general merece hace mucho tiempo en nuestro país. 

Festejemos con alborozo el día del médico, reconociendo la insustituible labor de estos trabajadores fundamentales de nuestra sociedad. Pero al mismo tiempo que la fecha nos sirva para generar conciencia sobre la necesidad perentoria de reconocer el esfuerzo que la gran mayoría hace, en base al juramento sagrado heredado de Hipócrates y Galeno, que en su versión más recientemente corregida promete:

DEDICAR mi vida al servicio de la humanidad;

VELAR ante todo por la salud y el bienestar de mis pacientes;

RESPETAR la autonomía y la dignidad de mis pacientes;

VELAR con el máximo respeto por la vida humana;

NO PERMITIR que consideraciones de edad, enfermedad o incapacidad, credo, origen étnico, sexo, nacionalidad, afiliación política, raza, orientación sexual, clase social o cualquier otro factor se interpongan entre mis deberes y mis pacientes;

GUARDAR Y RESPETAR los secretos que se me hayan confiado, incluso después del fallecimiento de mis pacientes;

EJERCER mi profesión con conciencia y dignidad, conforme a la buena práctica médica;

PROMOVER el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica;

OTORGAR a mis maestros, colegas y estudiantes el respeto y la gratitud que merecen;

COMPARTIR mis conocimientos médicos en beneficio del paciente y del avance de la salud;

CUIDAR de mi propia salud, bienestar y capacidades para prestar una atención médica del más alto nivel;

NO EMPLEAR mis conocimientos médicos para violar los derechos humanos y las libertades ciudadanas, ni siquiera bajo amenaza;

HAGO ESTA PROMESA solemne y libremente, empeñando mi palabra de honor.

Por Mario Ferreiro


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