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Caminando por la Cornisa3 min read

2 mayo 2021
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Tenemos vacunatorios, aunque las agendas están sospechosamente desprolijas y desordenadas. Hay anuncios diarios de compras y llegadas múltiples de vacunas de todo el mundo. Hay donaciones internacionales de insumos. Hay leyes que garantizan un nivel de gratuidad de atención y asistencia a los afectados comparables a los países más desarrollados del mundo.

Pero también hay un problema grande: las vacunas no llegan, no hay camas disponibles, y la gente se sigue muriendo. Y hay otro problema igualmente terrible: mientras se interpretan las leyes de ayuda, las personas afectadas siguen vendiendo todo lo que poseen o adquieren deudas que hipotecan su destino y el de sus familias.

La gestión de la pandemia ha sido desastrosa desde el comienzo, pero en abril nos estallaron en la cara todas las consecuencias del mal camino recorrido.

Para más, las nuevas medidas que se tratan de imponer desde el Poder Ejecutivo caen en previsible saco roto porque sencillamente la gente perdió el poco respeto le restaba a unas autoridades absolutamente desprestigiadas. De esta manera tenemos a todo un país caminando peligrosamente por la cornisa.

Es cierto que las protestas de marzo cedieron al agotamiento actual. Desahuciada, la gente ha reemplazado el reclamo callejero por el penoso peregrinaje para encontrar una cama en algún hospital público o privado. Las polladas y hamburgueseadas ocupan todo el tiempo libre y se constituyen en el único recurso disponible para paliar situaciones límite en materia de dinero disponible para pagar las cuentas abultadas del Covid-19.

Las rifas están a la orden del día, y cada fin de mes los que menos ganan son los que más aportan en las colectas organizadas en cada lugar de trabajo para ayudar a los compañeros afectados por la enfermedad.

Para peor, nuestra siempre sinuosa clase política, -de todos los sectores-, encontró en la pandemia una veta de electoralismo apetecible en la que sin saber todavía muy bien cómo hacerlo, va intentando fórmulas mágicas que los dejen como futuros candidatos con el deseado título de salvadores de la pandemia, o por lo menos del que lo intentó con todas sus fuerzas e hizo todo lo que pudo.

El tema es no quedar afuera del ruido mediático de la epidemia. Suponen que con eso alcanzará para ganar en las próximas elecciones. Lo que no se dan cuenta es que si seguimos a este ritmo no quedarán fuerzas ni para votar y habrá cada vez menos electores.

Para rematar este cuadro de por sí tan siniestro, en el que solo se avizoran tiempos peores, a juzgar por las proyecciones elaboradas por prestigiosos observadores extranjeros, se sumó la guinda de la torta: vacunaciones VIP que beneficiaron a una senadora y a un ex gobernador (se dice por ahí que serían muchos más los privilegiados).

Una práctica deleznable que ofende particularmente a todos aquellos que ya perdimos a seres queridos (a estas alturas ya hablamos de casi toda la población), personas que muy probablemente se iban a salvar si les llegaban a tiempo las inmunizaciones.

En Brasil, que la semana pasada alcanzó la horrible cifra de 400 mil fallecidos, ya se habla de responsabilidad criminal de sus gobernantes, encabezados por Jair Bolsonaro y son varias las organizaciones de Derechos Humanos a nivel internacional que reúnen pruebas de un posible comportamiento doloso en el manejo de la pandemia en ese país.

Mientras tanto aquí, en nuestro querido Paraguay, se procede a la admisión de una demanda a un prestigioso centro de investigación social, por haber tenido del tupé de contarnos lo que todos ya saben hace mucho tiempo. La pandemia importa poco o nada, lo realmente importante es sostener el negocio, y todo el sistema que se apoya en él. Increíble, pero dolorosamente cierto.

Mario Ferreiro


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😷Coronavirus en Py: Día 428 de cuarentena, 302.061 casos, 250.502 recuperados, 7.284 fallecidos

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