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El 11 de setiembre en nuestra memoria4 min read

11 septiembre 2021
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Era una mañana diáfana, aquella del 11 de setiembre de 2001. Tanto aquí como en la Gran Manzana, el día parecía destinado a la calma y la rutina. La visibilidad infinita, a pocos minutos de la gran tragedia que modificaría para siempre las relaciones internacionales, o el simple ejercicio de movernos libremente por el mundo.

Un breve tiempo de libertades casi absolutas comenzaría a decaer en ese preciso instante, para retornar a una nueva forma de guerra fría.

Nada volvió a ser igual desde aquel momento en el mundo. Fue el retorno a la época de contiendas lejanas e interminables. Aquellas que inmediatamente ponen en entredicho nuestras certezas y convicciones.

Una sensación permanente de incomoda inseguridad global se apoderó de todos. Nadie estaba a salvo, la Yihad Universal fue declarada, pero nadie sabía exactamente cuándo, cómo y dónde caería el próximo golpe brutal. Desde Pearl Harbor la nación más poderosa del mundo no conocía el horror de la guerra al interior de su propia frontera.

Cuatro aviones partieron esa mañana rumbo al oprobio. A las 08:46 el vuelo 11 de American impacta contra la Torre Norte del World Trade Center (WTC). A las 09:02 el vuelo 175 de United embiste la Torre Sur del mismo complejo. El suceso es cubierto en directo por diversas cámaras de televisión que enfocaban a las Torres Gemelas a causa de la densa humareda que surgía de la Torre Norte.

A las 09:39 el vuelo 77 de American se estrella contra el Pentágono, y finalmente, a las 10:03 el vuelo 93 de United cae en campo abierto en Shanksville, Pensilvania. Al parecer, se había producido previamente una lucha de la tripulación y los pasajeros con los secuestradores para retomar el control del aparato. Hay una famosa película, llamada justamente United 93, que rescata ese dramático momento y el heroísmo de los pasajeros.

Los mayores atentados terroristas de todos los tiempos habían sido consumados. Fueron una serie de cuatro ataques suicidas cometidos por la red yihadista Al Qaeda que, mediante el secuestro de aviones comerciales para ser impactados contra diversos objetivos, causaron la muerte de 2.996 personas, incluidos los 19 secuestradores, la desaparición de 24 víctimas, y más de 25 mil heridos.

Entre las víctimas estaban dos compatriotas: Obdulio Ruiz Diaz, de profesión arquitecto, 49 años, que se hallaba en una reunión de trabajo en una de las torres cuando ocurrió la tragedia. Igual que Carlos Alberto Samaniego, de 29 años, quien trabajaba en el complejo de edificios del WTC. Otros dos connacionales pudieron escapar a tiempo: Héctor Denis Jojot y Lourdes Beatriz Frutos Martínez.

Al tener el mismo huso horario que Nueva York, en nuestro país se vivió ese luctuoso momento en vivo y en directo. En mi caso particular desde la cabina de Canal 100 FM, observando estupefactos con los compañeros la sucesión de ataques, sin atinar explicación racional posible en ese momento. En el instante del segundo impacto sobre las Torres Gemelas prácticamente todos los canales y estaciones locales de radio estábamos transmitiendo los hechos en vivo. El horror fue generalizado.

Lo que vino después se sigue debatiendo: el inicio de un periodo de guerras brutales –como todas las guerras-, las retaliaciones fundamentalistas suicidas en forma de nuevos atentados en Madrid, Paris y Londres. Las publicaciones obscenas de los maltratos a prisioneros en Abu Graib, las galardonadas películas de Hollywood y la actual retirada deshonrosa de los norteamericanos de Kabul, con el temido pero previsible retorno del Talibán al poder después de 20 años.

Para muchos lo único que cambió después del 11 de setiembre fueron los evidentes avances experimentados en perjuicio de las libertades individuales y colectivas. Con el pretexto de la prevención, los grandes gobiernos del mundo controlan prácticamente todas las comunicaciones y acciones posibles de la humanidad. El gran hermano nos vigila noche y día, de tal modo a evitar otro 11 de setiembre, y mientras tanto se entretiene controlando al mundo hasta en sus actos más íntimos.

Pasaron 20 años y la humanidad no da muestras de una gran mejoría. Hoy las grandes batallas se sitúan en lo ambiental y en lo sanitario. Sin embargo el absurdo y la irracionalidad siguen imperando. Así quedó demostrado durante todo el desarrollo de la pandemia del Covid-19.

Quizá por eso muchos seguimos elevando la mirada el cielo, a la espera de un milagro que no siempre llega en el momento deseado.

Por Mario Ferreiro


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