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El Coloradismo y su Eterno Retorno4 min read

9 mayo 2021
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Si hay algo de lo que carece absolutamente nuestra política es de la novedad y de su aliada natural la sorpresa. Como la trama de la serie alemana “Dark”, que cautivó a millones de espectadores hasta el año pasado en Netflix, nuestra realidad parece estancada en un eterno retorno a las cosas que evidentemente no hemos sido capaces de modificar y que por lo tanto se repiten sin fin.

La incipiente “pelea” del vicepresidente Velázquez con el actual titular del ejecutivo, manifestada a través del desacuerdo demostrado con la nueva ley de emergencia sanitaria, es apenas el primer acto de una obra que a aquellos que ya tenemos algunos años encima nos suena demasiado familiar.

Esta película ya la hemos visto muchas veces, eso sí, con diferentes actores.

Desde que se instauró la democracia en nuestro país, esa comedia de situación política se ha repetido una y otra vez sin que atinemos a descifrar como detenerla. La vimos en la recordada antinomia Wasmosy-Seifart, se repitió de un modo trágico entre Cubas Grau y Luís María Argaña; González-Machi y Yoyito Franco prácticamente no se comunicaron entre ellos cuando ejercieron el mando, y Nicanor Duarte Frutos Versus Luis Castiglioni terminó con la derrota del Partido Colorado después de más de medio siglo de poder. Todavía recuerdo cuando Duarte Frutos calificaba de “Notidormi” a su propio vicepresidente.

Sin embargo, tampoco la oposición supo sustraerse de ese mal endémico que se ha repetido una y otra vez como un loop infinito en la mediocre banda de sonido de nuestro frágil sistema democrático. Cuando la Alianza opositora llegó al poder con Fernando Lugo y Federico Franco no pasó mucho tiempo para que se genere una grieta que fue imposible de resolver. Como resultado: la ANR astutamente aseguró su pronto retorno al poder prestándole por tiempo limitado la silla de López a los liberales, dividiendo para siempre a las fuerzas opositoras.

La llegada de la dupla Cartes-Afara modificó inicialmente esa lógica de confrontación permanente, pero de todos modos la relación no terminó bien: el vicepresidente de ese periodo saltó oportunamente del barco de HC para asegurar desde la lista de Marito un sitio en el Parlamento que inició sesiones en 2018. Nada había cambiado: el viejo truco de la disidencia, apenas traspasada la mitad del periodo, se repite con precisión de relojería dando siempre muy buenos resultados políticos y electorales. Por algún motivo la gente cree que de verdad se están peleando y  sobretodo  que entre unos y otros hay alguna diferencia.

El Partido colorado, que ya acusó recibo de la tendencia #ANRnuncamás, responde con su hoja de ruta habitual. Asegurar con su gigantesca maquinaria estatal la mayor cantidad de municipios en el corto plazo y luego, en medio de la supuesta disputa interna, ofrecer la solución “menos peligrosa” para el establishment y la ciudadanía. Claro que para ello se montará como siempre un enorme aparato de propaganda que incluirá medios de comunicación, gremios, corporaciones, grandes motores de redes sociales, encuestadores, y el arma que mejor funciona con nuestro electorado: el miedo a lo desconocido, el terror a cualquier posibilidad de cambio real.

De esta manera “va a suceder otra vez”, como decía aquél personaje de “Dark” que siempre la veía venir pero al que nadie le prestaba atención. El escenario de descontento acentuado por la pandemia y el desprestigio acentuado del gobierno ya han activado la cuenta regresiva. La cicatriz se abrirá de par en par apenas concluyan las municipales y la discordia colorada servirá de telón de fondo para una obra teatral que tendrá un año y medio para convencer, una vez más, a la ciudadanía, de que los males del coloradismo se curan con más coloradismo. Una utopía que si no fuera tan perjudicial hasta parecería graciosa.

Mario Ferreiro


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