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El Dudoso Rating de la Miseria2 min read

12 diciembre 2020

El sonado caso de triangulo de amor bizarro entre Rocío Soledad Chaparro, Johnny Walker Cano y el ciudadano peruano José Alberto Rossi Castillo.

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El sonado caso de triangulo de amor bizarro entre Rocío Soledad Chaparro, Johnny Walker Cano y el ciudadano peruano José Alberto Rossi Castillo, que se inició con la misteriosa desaparición de la mujer el pasado 3 de diciembre, concluyó de la manera más asombrosa: la Sra. Chaparro se presentó en la comisaría de Limpio con su nueva pareja, precisamente el Sr. Rossi Castillo, aclarando que simplemente había tomado la decisión de comenzar una relación amorosa con éste.

Más allá de lo pintoresco, la historia parece esconder detalles más escabrosos y sobre todo debe tenerse en cuenta la situación de los menores que dependen de la unión que Rocío Soledad y Johnny Walker mantenían hasta hace poco.

Finalmente los protagonistas centrales son mayores de edad y podrán hacer con sus respectivas vidas lo que se les antoje. Pero esta libertad de acción nunca debiera ser ejercida en perjuicio de la salud mental o física de los hijos menores de la pareja.

Ellos deben ser objeto de protección permanente por parte de sus progenitores, y si estos no lo hicieran, dicha función debe ser ejercida decididamente por el Estado.

Sin embargo, para los medios y las cada vez más influyentes redes sociales (ese conglomerado amorfo y sin compromiso alguno con la ética de la información ni la responsabilidad sobre lo que se afirma), el debate se centró sobre los siguientes aspectos: el error de la fiscalía al apresurarse en ordenar la detención del marido de la Sra. Chaparro como sospechoso de feminicidio; la descalificación social de la conducta supuestamente inmoral de la mujer, y el habitual regocijo popular ante un drama en el que muy pocos parecen recordar que hay menores de edad que han padecido toda esta situación indefensos y en silencio.

Un canal de televisión llegó a titular el retorno de la mujer con la frase “Estaba vivita y culeando”, mientras la mayoría de los medios buscaban los detalles más picantes o picarescos del caso para así conseguir una atención masiva que se traduce en alguno que otro punto más de rating en las dudosas mediciones que circulan por ahí.

El asunto quedará prontamente sepultado en el olvido una vez que sea reemplazado por un nuevo escándalo, que nutrirá las hambrientas fauces de un público que se acostumbró al entretenimiento basado en el sufrimiento de terceros. Es lo que últimamente hay en unos medios masivos que, -ante el avance incontenible de los nuevos soportes y herramientas tecnológicas-, siguen buscando oro donde en realidad abunda la más penosa miseria humana.

Mario Ferreiro


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