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Los Huérfanos del Covid3 min read

6 junio 2021
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El Ministerio de la Niñez y la adolescencia informó que solamente en el último mes de mayo del presente año, 41 menores de edad quedaron huérfanos a causa del fallecimiento de por lo menos uno de sus padres por el devastador efecto del coronavirus. Éstos se suman a la gran cantidad de familias que, en el trajín de ver partir a sus seres queridos, fueron perdiendo prácticamente todo: sus pocas pertenencias y propiedades, sus sueños y proyectos. Sus vidas tal como iban encaminadas hasta la llegada de la brutal pandemia.

Y si bien se han promulgado recientemente leyes de apoyo a los enfermos y sus familias, las secuelas de la irrupción de las formas más graves del Covid todavía están en desarrollo. Todos conocemos a alguien que ha perdido sucesivamente a sus padres, abuelos y hermanos.

Al dolor de la muerte inesperada, se suman así una inmensa soledad y una angustia difícil de medir en términos estadísticos. Por no citar las dificultades estructurales que tenemos en el país para generar fuentes de trabajo dignas y coberturas sociales medianamente eficaces.

En este escenario tan complicado debemos pensar ya en el post-Covid, que aunque lejano aún, -sobre todo por nuestra espantosa lentitud para vacunar masivamente-, en el que no bastará el efecto rebote de la economía, sino que serán necesarios los esfuerzos colectivos del gobierno y la población para seguir ayudando a los más vulnerables. En algún momento los sectores que ganan más tendrán que extender su mano generosa para coadyuvar a ese esfuerzo, superando prejuicios atávicos y entendiendo que la mejoría del clima social beneficiará finalmente a todos, incluso a sus negocios.

La caída de algunos sectores como el de la hotelería, que acusó un 80% de descenso en el 2020, deberá verificar un plan de recuperación que propicie estímulos de distinta índole, y sobre todo un aliento decidido a la utilización de la mano de obra que ha quedado cesante. Las medidas de mitigación al sector gastronómico todavía son incipientes, mientras que el comercio en general y el de fronteras en particular también precisarán de un acompañamiento que tendrá que ser sostenible a corto, mediano y largo plazo. O sino, las secuelas del Covid serán tan duras como su actual vigencia, altamente destructiva y desoladora.

Paraguay está atravesando una experiencia inédita para las últimas generaciones. Vagos recuerdos de carencias parecidas y privaciones incluso peores nos contaban nuestros padres y abuelos sobre las épocas de la Guerra del Chaco y la Revolución del ’47. A diferencia de aquellas catástrofes humanitarias, esta vez no hemos tenido el recurso siempre oportuno, aunque sufrido, de la migración masiva a la Argentina u otros países que tan generosamente suelen dar oportunidad de subsistencia a nuestra población, cuando se sienten perseguidos por la política o por la inminencia del hambre.

Por lo tanto, estos huérfanos que tanto nos duelen mensualmente, finalmente nos representan en mayor o menor medida a todos. Porque todos hemos quedado huérfanos de alguna manera y hemos sido arrastrados por este vendaval trágico de pérdidas humanas y materiales que jamás estuvieron en nuestros presupuestos ni en nuestras peores pesadillas.

Huérfanos de la protección de un Estado, siempre ausente o habitualmente insuficiente en su respuesta en tiempos de grandes necesidades. Huérfanos de sueños y proyectos, extraviados en la nebulosa del desanimo y la confusión. Así andamos todavía por aquí, mientras observamos estupefactos el goteo insuficiente de vacunas, y la fatal apatía de mucha gente que todavía duda en inmunizarse, porque en su grupo de whatssap le contaron que todo esto no es más que un perverso plan del “nuevo orden mundial”.

Mario Ferreiro


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