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“Mil Voces y Un Solo Corazón”4 min read

29 agosto 2021
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Vi por primera vez a Carlitos Vera a principios de los años ’70, en una fiesta privada, haciendo un monólogo que despertaba inmediatamente la hilaridad de toda la concurrencia. No parecía tener un guion fijo sino apenas unas líneas temáticas generales, sobre las que improvisaba con habilidad sorprendente. Lo más impresionante ya era por entonces su gran capacidad para sostener la total atención del público por largo tiempo. Todo Asunción ya hablaba de este muchacho que había debutado unos años antes en un Festival en la Parroquia de Las Mercedes.

 Sus caballitos de batalla eran las imitaciones de Ovidio Javier Talavera, Julio Del Puerto y algunos personajes vinculados al mundo del deporte de aquellos años como Abraham Zapag, Jesús Manuel Pallarés o Taní Domínguez. De política se hablaba poco o nada en aquellos años. De hecho, siempre estaba latente el peligro de que algún informante, vulgo “pyragüe” se halle presente e informe inmediatamente a la superioridad.

Sin embargo ya por entonces Carlitos, pese al miedo y la autocensura imperante, también se animaba a imitar nada menos que al dictador, una osadía importante para la época. Si la concurrencia acompañaba no tardaba en agregar algunos personajes igualmente temibles de aquellos años. Pronto agregó a su irreverente repertorio al poderoso obispo de Caacupé Monseñor Aquino, así como a Yoyito Franco y el gran ídolo futbolístico Julio César Romero.

Fiel a su condición de genio de la improvisación, “el hombre de las mil voces” no se resignaba a perder la gran libertad que le otorgaba esa tácita complicidad y picardía que desde siempre tuvo con sus seguidores. Nunca se privó de imitar a quien quiso y de la manera que se le antojaba.

Con los años fue centro de atracción de cuanta reunión social o velada artística se organizara en los más variados escenarios del país, desde los más humildes hasta los más encumbrados. Sus largos monólogos repasando la idiosincrasia de nosotros los paraguayos son dignos de un compendio sociológico. En realidad Vera con humor nos fue mostrando como somos  desde la coronilla a los pies, sin dejar de lado detalle alguno. Con nuestras luces y sombras.

Sus relatos, -que la mayoría de las veces incluía alguna que otra moraleja-, nos iban pintando un retrato fiel de nuestros usos y costumbres. Aquél famoso monólogo sobre el abuelo de la casa, que es venerado si tiene dinero y es abandonado en el fondo del hogar si no supo reunir una fortuna a heredar, es de antología. Igual que aquel soliloquio de la forma en que los varones paraguayos hacemos pis, sobre todo si estamos estimulados por alguna bebida espirituosa.

Sin embargo, lo más interesante y digno de Carlitos fue su gran capacidad para no edificar su estilo de humor sobre el menoscabo de nadie ni de nada. Las risas que sabía sonsacar con maestría de su público jamás provenían de la degradación de ningún sector social, religioso o cultural. Cuando elegía hacer chistes sobre la pobreza ponía su propia historia personal como ejemplo, y ni que decir cuando hacía alguna alusión a su propio impedimento físico para movilizarse.

Carlos no tardó en llegar a la TV y el teatro en donde también brilló con luz propia, muchas veces compartiendo escenario con sus compañeros de generación: Álvarez Blanco, Rojas Doria, Olitte, Luís De Oliveira y tantos otros. En radio fue invitado habitual de decenas de programas mientras que sus famosos casetes (grabó 32 volúmenes) y videos se convirtieron en verdadero objeto de culto cuando no de flagrante piratería, que él trataba siempre de combatir con más humor que enojo.

“Mil Voces y un solo corazón brilla en el cielo. Descansa en paz papá. Te amo” escribió su hijo Emilio Vera en tuiter el 27 de agosto a las  11:41. Desde ese momento una extraña melancolía se apoderó del ambiente. Paraguay había perdido un genio que supo sacar de su lámpara inagotable una sonrisa sanadora, incluso en sus momentos más difíciles.

Por Mario Ferreiro


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