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Modelo en Agonía4 min read

20 marzo 2021
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Tres mil seiscientos sesenta y dos fallecimientos más tarde, y un año después de la triste partida del Dr. Hugo Diez Pérez, el Covid-19 tiene al Paraguay en jaque, en medio de proyecciones desoladoras y reclamos que se van haciendo cada vez más virulentos.

Con la llegada de vacunas a cuentagotas y una dura realidad social, que ha puesto en flagrante evidencia no solo nuestro frágil sistema sanitario, sino también nuestras conductas colectivas y, por supuesto, el desastroso sistema político y jurídico que hemos sido capaces de desarrollar en todos estos años de democracia, la situación está muy lejos de encontrar una salida a corto o mediano plazo.

Las desafortunadas palabras del Diputado colorado Ángel Mariano Paniagua en la sesión del Juicio Político del pasado 17 de marzo pintan de cuerpo entero a la clase política dominante absolutamente desconectada de la realidad:

“Muchas mentiras se han creado contra el presidente de la República, un presidente a quien digo que es heroico desde que comenzó su mandato. Lamentablemente ya había vicisitudes imposibles de salvar y que él viene salvando con su paraguayismo y su trabajo. Cumple una función encomiable y hasta si se quiere tenemos que agradecerle. Apenas 3.500 muertes tenemos cuando en la región hay 100.000, 50.000 y 20.000 muertes”, dijo el representante del Departamento Central, justamente uno de los más golpeados por la incontenible epidemia.

Paniagua se disculparía un poco más tarde pero, esencialmente su manera de pensar es la que impera entre quienes ostentas todos los privilegios en nuestro país hace más de 70 años, con el acompañamiento activo de los tres Poderes del Estado. No es casual que la gente, haya marchado sobre el Parlamento, la casa de Gobierno, la Fiscalía y la sede de la ANR. Es que hemos crecido con la identificación mutua y obscena de esas instituciones, mientras el descreimiento y el desprestigio de las mismas aceleran una descomposición social y política que no será fácil revertir con teorías de conspiración y victimizaciones amañadas.

La vieja unidad granítica de la dictadura: Gobierno, Fuerzas Armadas y Partido Colorado, ha prescindido solamente de los militares para incorporar en democracia a todo el sistema judicial, que hoy oficia desembozadamente de brazo ejecutor de la persecución a los adversarios políticos. Las antiguas y oprobiosas piletas de Investigaciones y la Técnica fueron reemplazadas por la maraña fiscal/judicial capaz de liquidar en poco tiempo toda aspiración política que no se adecue al modelo.

Bajo este esquema el Poder Ejecutivo fue salvado una vez más por la aplanadora colorada en la Cámara de Diputados, con el guiño cómplice de los poderes fácticos. A nivel local los gremios de la Industria y la producción aconsejaron una vez más no hacer olas. Hasta el Vaticano, posiblemente advertido por Nuncio y el Episcopado local, lanzó un salvavidas al gobierno, al igual que La Embajada y los vecinos de Itamarati. Pero lo que nadie explica es cómo se podrá sostener un gobierno en el que ya no confían ni aquellos que lo defienden.

¿Cuál podría ser la jugada milagrosa que, -a lo Piñeira en Chile con su exitosa gestión de la vacunación masiva en su país-, el Presidente Mario Abdo podría sacar de la galera para llegar al 2023? A juzgar por los resultados de lo actuado hasta ahora, aquí no existen las condiciones mínimas para que se produzca ese golpe de timón. Nuestro destino parece ser la deriva y la fantasiosa y nunca aconsejable confianza en la buena suerte.

Uno querría escribir otra cosa y abrir una rendija de esperanza para las nuevas generaciones. Pero la verdad es que estamos ante una perspectiva lúgubre para el futuro inmediato, que solo se podrá modificar con enormes sacrificios, y sobre todo con el cambio de conducción política de un país que parece haber agotado definitivamente el modelo brutal dictado desde hace tanto tiempo por la hoy demonizada Junta de Gobierno de la ANR.

Mario Ferreiro


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