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Pasará Pasará3 min read

27 marzo 2021
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“El último se quedará”, rezaba aquel juego infantil en el que de una larga fila, siempre quedaba uno a pagar la prenda consignada previamente. Lo que está pasando con el Covid-19 tiene un efecto macabramente parecido. Nadie está a salvo. Las nuevas cepas echan por tierra el mito de las franjas etarias y sociales supuestamente más seguras y la carga viral ya no parece tan amable como en los primeros casos.

Ni siquiera los cuidados básicos que tantas veces nos han inculcado parecen evitar desenlaces indeseables.

Hay gente que ha cumplido a rajatabla todas y cada una de las instrucciones pero igual contrajo la enfermedad y si no murió tuvo un oneroso camino de recuperación.

Como resultado de todo esto se están verificando cuadros verdaderamente dramáticos: familias enteras –papá, mamá e hijos- sucumben con diferencia de unas pocas horas, y aquellos que logran superar con un enorme sacrificio los casos graves, quedan con una deuda que los podría condenar a trabajar gran parte del resto de sus vidas para saldarla.

Vencí al Covid, pero ahora debo 260 millones” decía hace poco el integrante de un conocido grupo musical. Las articulaciones para detener está grave hemorragia social y financiera son débiles y nadie sabe el conducto para obtener una ayuda segura. La DIBEN hace lo que puede, la SEN aporta lo suyo, o sea la logística para las emergencias, pero el lucro cesante y la deuda no entran en los cálculos de nadie.

“Me cuido porque no tengo 3 millones de guaraníes por día para salvarme si llego a enfermar gravemente”, expresaba hoy una persona vía tuiter. La verdad desnuda de la pandemia golpea con diferencia de segundos, mientras nuestro gran vecino del Este registra un promedio de casi 3 mil óbitos diarios. “La Gripezinha” de Bolsonaro terminó contagiando a toda la región y pone en peligro la campaña mundial de recuperación. Así de indolentes e ignorantes hemos sido los seres humanos en esta grave circunstancia.

Como si todo esto no fuera suficiente, tropezamos con la gran torpeza interna para conseguir las vacunas y la combinación perversa de un contexto internacional en el que han desaparecido la solidaridad y los gestos humanitarios. Si bien es cierto que los procesos de vacunación no garantizan la desaparición inmediata del problema, es evidente que una vacunación masiva a los sectores más vulnerables traerá un principio de tranquilidad a la población.

Sin embargo, tampoco hemos sido capaces de lograr ese paso ni tan siquiera parcialmente. Estamos en la cola de los países que iniciaron la vacunación y las perspectivas de resolver esto a corto plazo parecen muy improbables.

La tormenta perfecta recorre el mundo y se estanca sobre el Paraguay con consecuencias muy difíciles de prever. Esta misma semana el Dr. Tomás Mateo Balmelli nos decía que “lo peor todavía no ha llegado. Señalando mediados de abril como el posible peor momento”, teniendo como referencia la conducta social verificada en el comienzo de la semana santa.

Quizá sea el momento más apropiado para quedarnos quietos un rato y aprender a rezar.

Mario Ferreiro


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😷Coronavirus en Py: Día 408 de cuarentena, 260.382 casos, 213.710 recuperados, 5.633 fallecidos

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