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Renacen las Esperanzas3 min read

13 junio 2021
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Ahora sí. Tuvo que bajar la edad límite para que se produzca la avalancha. Los reportes de asistencia a los vacunatorios este fin de semana son muy alentadores. Evidentemente esta ampliación de rango etario era lo que la gente estaba esperando, por algún motivo que todavía habrá que investigar con mayor rigor, la gente parece contagiarse de la necesidad urgente de vacunarse cuando comienza a ver largas filas de personas o autos en busca de la ansiada inmunización.

Lo que pasó anteriormente con los mayores de 62 años para arriba puede tener varias explicaciones. Desde la ausencia de una mejor campaña de concienciación, hasta las profundas ataduras culturales que todavía nos amarran a creencias supersticiosas, que por cierto hoy se transmiten a la velocidad de un rayo a través de las redes sociales.

La llegada a cuentagotas de las vacunas tampoco ayudó en ese dubitativo arranque. Pero es momento de dar vuelta la página.

Por ello, esta nueva realidad, más el anuncio de la llegada inminente de nuevas partidas de biológicos debe ser tomada como una posibilidad real de comenzar a ver algo de luz en el final de este largo y oscuro túnel, en el que estamos transitando a tientas desde hace más de un año. Más allá de cualquier teoría de conspiración, y la insistencia irritante de algunos negacionistas, que encontraron su razón de existencia en esa postura insólita y perniciosa, simplemente hay que mirar lo que han hecho los países que más rápido están saliendo de esta dramática situación.

Aún así, todavía estamos muy lejos del final de esta película de terror. Las experiencias cercanas de Brasil, Argentina, Chile y Uruguay, que están vacunando masivamente pero aún no logran controlar el problema, debe enseñarnos que los cuidados tendrán que mantenerse todavía por un buen tiempo. Lo mismo que la reapertura completa de las actividades masivas, los viajes y las aglomeraciones en espectáculos deportivos o artísticos. Ese es un escenario que, con buena letra y viento a favor, quizá podríamos conquistar gradualmente el próximo año, siempre de acuerdo a nuestro comportamiento social y la mayor o menor eficacia de los planes de vacunación.

Los números de decesos por semana en nuestro país siguen siendo espantosos, y las proyecciones no son muy alentadoras. Promover ahora una euforia desmedida puede generar una ampliación drástica de la gran tragedia que de por sí estamos viviendo en el Paraguay. Es momento de moderado optimismo pero sobre todo de renovados cuidados y protocolos aún suficientemente estrictos. Es el tiempo preciso de la responsabilidad.

Los casi 11 mil fallecidos hoy nos demandan más que nunca que no bajemos la guardia. En memoria de cada uno de ellos hay que seguir rechazando con energía el disparate del negacionismo que ofende e indigna, pero al mismo tiempo debemos ponernos en acción.

El momento preciso es ahora. No esperemos un minuto más en llevar al adulto mayor que no tiene medios o que todavía duda acerca de la conveniencia o no de aplicarse la vacuna. El dolor acumulado ya es excesivo. Son miles de familias rotas por una pandemia despiadada que se ha llevado a personas llenas de sueños y proyectos. Sigamos apostando por la vida en esas largas filas que nos devuelven las esperanzas de un futuro posible.

Mario Ferreiro


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