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Un atisbo de racionalidad3 min read

8 agosto 2021
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El prolongado conflicto con los camioneros por el precio del flete ha exacerbado el discurso reaccionario de un modo virulento y sostenido. Lo que debiera ser una negociación seria y sobre todo racional ha derivado en desopilantes acusaciones de “zurdos” a quienes manejan flotas de millones de dólares, con la consabida y desagradable respuesta  por parte de éstos del uso de la fuerza como único método de presión y respuesta.

Los bloqueos de rutas son insoportables, indefendibles e inadmisibles, pero reducir el tema a una cuestión fantasmagóricamente ideológica no ayuda. Lo que aquí hace falta es una hoja de ruta que encamine el tema a un acuerdo de partes, ya sea por ley, reglamento o simple contrato. Una mesa creíble y eficiente de negociación, y sobre todo la garantía que ninguna de las partes se llevará la parte del león, que es lo que al final siempre se discute. Lo que no se puede es ignorar la realidad e intentar anularla con la vieja cantinela del inminente desembarco de los bolcheviques en el puerto de Asunción. Eso vende el show pero no resuelve el problema de fondo.

Para éste, y muchos otros temas que nos esperan en el futuro inmediato habrá que despojarse de fanatismos y medias verdades, para así intentar encarar con alguna posibilidad de éxito los grandes desafíos que nos esperan en breve. Desde la renegociación del Anexo C del Tratado de Itaipú, hasta la recuperación de la economía post-pandemia, que arroja datos alentadores para el año que viene, -con un crecimiento previsto de más del 4 %-, pero con la acechante sombra de la inflación sobre nuestras espaldas.

Mientras tanto nuestro parlamento se debate entre las paternidades de mayor o menor responsabilidad, la búsqueda eterna de la vinculación del EPP y sus franquicias con los sectores de izquierda, y el retruque de ésta recordando siempre a quienes terminan siendo funcionales los grupos irregulares y las propias Fuerzas de Tareas Conjuntas. Discusiones bizantinas sin solución de continuidad ni búsqueda clara de verdad alguna. Fuegos de artificio que cubren asuntos más espinosos como la ampliación de las áreas de control de la SEPRELAD o la modificación urgente y necesaria nuestro sistema educativo, incluyendo la inversión necesaria para volverla realmente competitiva.

Sin embargo, un sector de ilimitado poder económico, y gran despliegue mediático e informático, parece decidido al método discursivo desarrollado por Donald Trump y Jair Bolsonaro. Esto es: ataque frontal a todo tipo de adversario bajo la sombrilla protectora del anticomunismo y sobre todo, generando la idea de que el marxismo está a punto de hacerse con el control del país. En esa bolsa variopinta entran todas las reivindicaciones sociales, y de paso se logra la adhesión espontanea de otros sectores conservadores, hasta bien intencionados, pero muy asustados de tanta propaganda apocalíptica.

La buena noticia es que, a pesar de esta predica sostenida y agresiva Trump fue derrotado en los EEUU y es muy probable que Bolsonaro siga el mismo camino, si no es destituido antes. Es decir: las sociedades tienen la capacidad para sobreponerse a este tipo de embates con las armas provistas por la propia democracia.

Por eso, en lo que finalmente nunca se debe transigir es en el debilitamiento de la misma vía insistentes campañas de desprestigio. Ese camino es el que invariablemente buscan los extremos por derecha y por izquierda.

Mario Ferreiro


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