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Un Mensaje en la Botella3 min read

22 mayo 2021
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Líderes del mundo escuchen nuestro clamor. Desde la República del Paraguay les imploramos. Necesitamos vacunas desesperadamente. Nuestra gente se está muriendo por la indolencia de quienes debieron gestionar a tiempo los antídotos y fracasaron. Hemos pagado por biológicos que nunca llegaron. Se han anunciado una y otra vez llegadas de grandes partidas que brillan por su ausencia, mientras tanto caen unos tras otros nuestros padres, hermanos, amigos, compañeros de trabajo y conocidos, sin más remedio que una despedida sucinta y un dolor que se quedará para siempre.

Jefes del Orden Mundial por favor giren sus miradas hacía el Paraguay, un noble país enclavado en el corazón de Sudamérica que ya no da más de dolor y tristeza. Hay una muchedumbre aquí abajo mendigando por ser atendida en los hospitales que ya no dan abasto. Su personal de blanco se ha puesto en la primera fila de está cruenta batalla, y también ha ofrendado vidas por docenas por el atraso criminal de las vacunaciones.

Poderosos del mundo uníos y escuchad el llanto de las madres, de los niños que lo han perdido todo y de una juventud que ve alejarse toda esperanza de concretar sus sueños, mientras atiende como puede las necesidades de sus mayores. Para ellos la vacuna es una utopía lejana y la sobrevivencia se cuenta por horas. Son los que deben salir corriendo de los hospitales para conseguir insumos, medicamentos y oxígeno. Y al mismo tiempo vender sus pocas pertenencias, organizar rifas y promover polladas.

Esos llantos no se escuchan porque el ulular de las sirenas de las ambulancias es la lúgubre banda sonora de todo un país perplejo y atemorizado ante tanta muerte alrededor. Libérennos de la opresión de la insensibilidad suprema y más absoluta falta de planes alternativos para conseguir la salvación envasada en pequeñas ampollas. No nos abandonen por favor.

Dueños de la vida y de la muerte de las naciones más ricas tengan piedad de este pueblo huérfano que se está quedando literalmente sin respiración. Arrójennos por amor a Dios un tubo de oxígeno que nos permita llegar al final de esta pandemia tan despiadada. No nos dejen solos en la oscura noche de las muertes que ya se cuentas por miles. Exporten parte de esa riqueza inconmensurable que usan para vacunar incluso a los animales de sus zoológicos o para atraer turistas a sus magnificas playas.

Arrojamos este mensaje en la botella para que nos rescaten de este naufragio tan injusto y doloroso. Somos los desahuciados del patio del fondo, los parias del mundo mendigando por unas gotas del esencial líquido que nos salve de la hecatombe final. No hemos sabido cómo gestionar esta crisis o cómo obligar a nuestros gobernantes a que lo hagan.

Tampoco sirve el encierro porque la gente debe salir a pelear el pan de cada día. Solo nos queda la redención de las vacunas como única posibilidad de bajar la macabra curva de contagios y muertes que escuchamos como una letanía todas las noches. Ni siquiera durante la guerra del Chaco tuvimos tantos decesos diarios como ahora.

Lanzamos ésta desesperada misiva a quien corresponda. No importa signo ideológico ni confesión religiosa. Aceptamos lo que tengan para ofrecernos. La mendicidad no es indigna cuando ya no queda otra salida. Mundo civilizado: evitemos más muertes que jamás ocurrirían si hubieran llegado las vacunas a tiempo. No nos condenen a este genocidio que nuestros gobernantes no supieron, o no quisieron evitar.

Mario Ferreiro


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