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Una profunda mirada hacia la depresión y sus indicadores de riesgo3 min read

13 noviembre 2020
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Si bien antes de este año y sus atípicos sucesos, ya se calculaba que más de 300 millones de personas alrededor del mundo eran afectadas por la depresión, esta enfermedad encontró aliados robustos en una pandemia que encerró, aisló y manejó al mundo a su manera, con sus protocolos, con sus riesgos.

A ocho meses del inicio de la cuarentena en nuestro país, la normalidad se asoma de apoco pero la “vida de antes” no da señales de regreso. El miedo, la preocupación y el estrés a causa del COVID-19, propiciando un ambiente en el que la salud mental se vuelve un tema a debatir, a indagar, a entender.

Al respecto, el doctor Manuel Fresco, psiquiatra y director del Centro Nacional de Prevención y Tratamiento de Adicciones, conversó con Radio Canal 100 y dio una pincelada acerca de cómo afecta la depresión a las personas y las complejas aristas que nacen de los trastornos mentales.

Nadie lo vio venir…

El profesional expresó en primera instancia que nadie tiene un botiquín cuando el problema se llama salud mental y explicó que los trastornos mentales son espectros de varios tipos de problemas que aparecen y entre estos se encuentra la depresión.

Agregó que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya vaticinó antes del año 2000, que a esta altura, la depresión sería una de las primeras causas de discapacidad en el mundo. Aunque muchos no lo creían, no previeron que llegaría una pandemia. “La pandemia con el aislamiento, la rutina, las medidas de prevención y el miedo, tuvo un fuerte impacto en la salud mental”, admitió.

Un termómetro necesario

“El termómetro para saber si uno está bien o mal es el estado de bienestar”, afirmó Fresco, puntualizando que las personas deben tener capacidad de frustración, control de la ira, capacidad de resolución de problemas, adaptación a los escenarios. Afirmó que cuando no se logran algunos de estos puntos, hay algo por qué preocuparse.

Además, el doctor explicó que si hay un factor o un tsunami como esta enfermedad (COVID-19), la exigencia es más enorme porque exigió lidiar con la ruptura de socialización, nada de salidas, abrazos, cercanía, comidas familiares ni fiestas con amigos.

¿Cómo actúa?

El especialista se refirió a que esta enfermedad implica un trastorno del estado de ánimo. “Cuando aparece la tristeza, esa tristeza es desproporcionada, se asocia a muchas cuestiones, la persona no tiene esperanzas, es un proceso que comienza de a poco y se agrava”, aseveró, indicando que la persona siente que no puede salir y allí es que aparece el suicidio. “La muerte aparece como un alivio”, dijo.

El doctor fresco mencionó que estas personas cuentan con protagonismo activo, planifica lo que va a hacer y cómo lo va a hacer con su vida. Esa fase es un indicador para los especialistas, ese momento es clave para una internación y el control debe ser 24 horas porque ya hay un plan suicida, dejó entrever.

¿Qué pasa después?

Contó que después de pensar, la persona tiene un momento en que ya está decidido, pero la depresión hace que en esa etapa, uno no tenga fuerzas para hacerlo. En este sentido, declaró que allí actúa el uso en exceso del antidepresivo, que no da la idea de suicidio pero sí, con una droga así, esa profunda depresión cuenta con un síntoma de inhibición motora y por eso, la persona no lleva al acto su plan.

Algunas mejoran, retoman sus fuerzas y cuando se sienten mejor, paradójicamente se suicidan, dijo y aclaró que ese proceso es en el cual los profesionales deben actuar con una internación y un tratamiento puntual, ya que representa un severo indicador de riesgo.


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